Dicen que todo lo que consigues en esta época de tu vida es para ti mismo. Que al final serás tú y sólo tú el que recoja los frutos del esfuerzo, de cada pequeño sacrificio que hagas. Que todo lo que haces, lo haces para ti.
Y no es verdad.
Hace algún tiempo que leí una frase que ha vuelto a mi mente estos días: ningún hombre es una isla.
Y recordando, me he dado cuenta de que siempre tengo gente a mi lado, que sufre y se alegra conmigo, que nunca me abandona. Gente que me da fuerzas para seguir cuando voy a bajar los brazos; gente que da sentido a cada uno de mis pequeños triunfos, gente que me empuja a ser mejor, a esforzarme más, a conseguir todo lo que me propongo.
Porque sin ellos puede que no hubiera conseguido nada.
Y aunque a veces me abruma la responsabilidad de sentirme depositario de los anhelos e ilusiones de aquellos que me rodean, en cierto modo resulta reconfortante sentir que lo que hago significa algo para los demás.
Porque, afortunadamente, ningún hombre es una isla.
lunes, julio 14, 2008
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